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EL REVISOR CÁNTABRO

Cantabria no necesita más promesas, necesita trenes

Es decir, hay inversión y hay proyectos. El problema es que el ciudadano no viaja en proyectos. Viaja en trenes.

El Revisor Cántabro
· 2 min de lectura

Hay algo en la historia de los trenes de Cantabria que empieza a resultar difícil de explicar a quien utiliza el Cercanías todos los días: siempre estamos a punto de solucionar el problema.

Ahora sí. En octubre comenzarán las pruebas en vía de los nuevos trenes. Lo ha anunciado el ministro de Transportes, Óscar Puente, que sitúa en 2027 la llegada de las primeras unidades al servicio.

La noticia debería ser motivo de celebración. Y lo será cuando esos trenes estén circulando con pasajeros. Porque entre una promesa y un tren que llega a la estación hay una diferencia bastante importante: que el tren llegue.

Cantabria lleva demasiado tiempo acostumbrándose a que el ferrocarril sea noticia por las incidencias. Averías, retrasos, supresiones, transbordos en autobús, limitaciones de velocidad... Hace apenas unos días, una avería de un tren de mercancías obligó a interrumpir durante casi dos horas la circulación entre Bárcena y Pesquera y provocó la supresión de varios servicios. El día anterior, otro corte se produjo por la caída de un árbol sobre la vía.

Y al mismo tiempo hay obras que avanzan. El tramo entre Astillero y Orejo ha recuperado el servicio ferroviario después de meses de transbordos por carretera, mientras continúan los trabajos para duplicar la vía en un proyecto cercano a los 50 millones de euros.

Es decir, hay inversión y hay proyectos. El problema es que el ciudadano no viaja en proyectos. Viaja en trenes.

Por eso los nuevos Cercanías tienen que ser algo más que una renovación del material. Tienen que convertirse en el principio de una etapa diferente. Una etapa en la que el usuario pueda mirar el horario y confiar en él. En la que una persona pueda ir a trabajar, estudiar o acudir al médico sin tener que preguntarse antes si tendrá que terminar el trayecto en un autobús.

Y quizá ahí esté la verdadera prueba para los nuevos trenes.

No será la fotografía de su llegada. No será la presentación institucional. Ni siquiera será el primer viaje oficial.

La verdadera prueba será un lunes cualquiera. A las siete y media de la mañana.

Cuando cientos de cántabros estén esperando en una estación para llegar a tiempo a su trabajo.

Ese día sabremos si realmente ha cambiado algo.

Porque Cantabria no necesita que le prometan que tendrá mejores trenes. Necesita poder confiar en ellos.

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